La Perricholi, t. 1
LA PErtRICHOLI t9S MARQUES.-No es noble mofarse de una persona en desgracia. MIQUITA (Con gravedad).-Marqués, os dije un día que no volvierais a cruzaros en mi camino; esta humi.:. Ilación no es sino la consecuencia de vuestra porfía. VIRREY.-Y dad gracias a Dios que el Virrey del Perú, no emplea el poder que tiene en sus manos para aniquilar a sus enemigos personales. MIQUITA.-Y decid a la marquesa que la perdo- no, porque hoy quiero perdonar a quienes me hacen mal, como el divino Maestro Jesús perdonó a los judíos que lo crucificaron. - VIRREY.-Voy a ordenar que os conduzcan a vues- tra casa, y dentro de tres días, que estaréis ya sano del rasguño de la bala de Francisco, os iréis a vuestra ha"'.'! cienda La Soledad, donde permaneceréis hasta que os envíe órdenes. • • • LOCUTOR: Los continuos chismes llevados a la corte de ~spa ña, de los que los principales autores eran el marqués de Villablanca y su esposa, dieron el resultado perseguido por ,)os detractores. Después de algunos meses de las escenas de la jor- nada anterior, Amat es llamado a la metrópoli entregan- do el mando a don Manuel Guirior. MIQUITA.-Tú te vas, Manuel; yo me quedo y la ola de la malignidad reventará contra mí. AMAT.-También irás presto a reunirte conmigo. MIQUITA.-No, Manuel, es forjar castillos en el aire... ¿Qué iría yo a hacer a tu tierra, entre la nobleza?... Siempre sería la chola, la mestiza, 1-a comedianta... ¿Para qué buscar nuevos sufrimientos?
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