La Perricholi, t. 1

134 MA R I A J . A L V Á n A b ó R I V E R A MIQUITA.-¿ Amenaza? VIRREY.-No; no es amenaza; pero contesta. MIQUITA.-¡ Gua! ¿Qué quieres que te conteste? VIRREY.-¿ Con quién estabas? MIQUITA.-¿ Y si no quisiera contestarte? VIRREY.-Miquita, no abuses de mi paciencia. MIQUITA.-Dices que no me amenazas, y tu tono no indica otra cosa. VIRREY.-Tengo un infierno en el alma. MIQUITA.-¿ Y te pongo yo en el alma ese infier- no? VIRREY.-Sí, tú. .MIQUITA.-(Rompe en sonora carcajada). VIRREY.-¿ Te burlas? MIQUITA._-Me río de tu cara trágica. VIRREY.-¡ Me escarneces! MIQUITA.-¿ ~stás loco? .VIRREY.-A eso me conduces; toma: lee. MIQUITA (Festiva).-A ver ... a ver. ¿Qué docu• ·mento tan terrible es ese? (Corto silencio. - Con des- precio) Un anónimo y el señor.Virrey le da importancia... VIRREY.-Es que a veces el anónimo es un anun- cio amistoso. MIQUITA.-Pues entonces, agradece a tu buen amigo. VIRREY.-Y a tí ¿no te indigna? ¿No lo desmien- tes? MIQUITA.-No me indigna, ni me digno desmen- _tirlo. (Con soberano desprecio).¡ Me importa un bledo! VIRREY.-¡ Por Cristo, que estás insol.ente ! · MIQUITA (Enérgica).-¡ Basta, Manuel, si te ha picado una víbora, vete a que te pongan sanguijuelas, o que te saque el veneno el cirujano! ¡A mí, déjam_e tran- quila! VIRREY.-~ Me despides?

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