La Perricholi, t. 1
VI P· R O L O G O * * * En las jornadas de esta hermosa obra de la señorita Al- varado se relata en forma de diálogo este episodio, y también otros más, como el de la carroza del Viático, que llegó a cono- cimiento del literato francés Mérimée, autor de Carmen. y que le dió tema para la novela que publicó en la nRevue de París.. en 1829. Desfilan las murmuraciones y los vejáme!les de que los nobles hicieron objeto a Miquita Villegas, que lo~ abatía con su vivaz habilidad, su agudo ingenio, su sátira cáustica, su audacia desconcertante, su altive~ gallarda de mujer con ver- dadera personalidad, y un franco brote de "la nacionalidad en gestación", desfilan también la decisiva influencia de la cómi- ca crio~la sobre el semianciano Virrey, los triunfos de Mica en el teatro, y los caprichos que ocurríansele con el designio de do- meñar la . altanería de los linajudos, que en mil formas trata- ban de hacerla sufrir. Los diálogos son sueltos, movidos, bien hechos, vivac;es. El interés lo sostiene la autora en todo momento, sin el menor desmayo a lo largo de la obra. Quien hace de locutor en ella formula sus breves soliloquios, y muy bien pinta a los perso- najes, como muy bien ·describe, así mismo, el ambiente social. En la parte segunda, ya después de retirado Amat del Pe- rú, en los días en que aquí circuló de mano eri mano aquel Drama de los Palanganas. que conservaba Don Ricardo entre los "papeles varios" de la Biblioteca Nacional, y que Luis Al- berto Sánchez imprimió en ChÚe, la Perricholi c~bra nuevo as- pecto. Casada ahora con el navarro don Vicente Fermín de .Echarri, se aplica a formar al hijo habido de sus amores con el Virrey catalán -hijo de "gran cabeza" como solía qecir dona Teresa Hurtado de Mendoza, la madre de Micaela-; y lo envía a España y la Gran Bretaña para que se eduque, y olvide un tanto el ambiente de badulacadas en _que comenzó a vivir su vi- da. Y cuando lo hace volver nuevamente a esta capital y ~l
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