La Perricholi, t. 1
116 M A R 1 A J • A L V A R A D O R 1 V E R A CONDE DE OTERO.-Ni lo pretendo doña Mi- caela... Al contrario, os digo que les sobra razón: el Vi- rrey os levanta sobre todas ellas, y se encuentran humi- lladas. MICAELA.-En el teatro me aplauden... Detrás de mí, me "cortan"... me destrozan despiadadamente. CONDE DE OTERO (Al oído de Micaela).-Por- que os envidian: envidian vuestra juventud, vuestra belle- za, vuestra gracia... Envidian... el que os ame el Virrey... envidian vuestras joyas; y envidian la locura y codicia que despertáis en los hombres.,. MICAELA.-¿ Y tengo yo la culpa de todo eso? ¿Es un crimen agradar? CONDE DE OTERO.-Sí, para ellas, para las en- vidiosas ... Perdonadlas, suficiente tormento tienen con no poder llegar donde vos estáis... ¿Habéis hablado al Virrey de mi petición? Perdonad mi insistencia... MICAELA.- · Perded cuidado: tendréis el empleo. CONDE DE OTERO.-¡ Qué buena sois! ¡Tan be- lla como generosa... Pero, ved, parece que el Conde del Castillo quiere. acercarse ... Me retiro... Con vuestra venia. (PASOS DEL CONDE DE OTERO). _ MICAELA.-Me desprecian: soy la mestiza, la có- mica, la amante del Virrey... CONDE DEL CASTILLO.- · Señora, os he busca- do por todo el Palacio. MICAELA (Con discreta coquetería).-Pues aquí me tenéis, ¿qué deseáis de mí? CONDE (Con vehemencia).-¡ Todo!... Perdonad mi atrevimiento; pero ya sabéis que os amo tiempo ha, y que no puedo olvidaros. MICAELA.-Y sabéis también que tengo dueño a quien ser fiel... ¿Por qué insistís? CONDE DEL CASTILLO.-Porque vos, joven y bella, no podéis estar apasionada de un hombre que raya en la vejez, por sano y bien conservado que esté: Hecha
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