La Perricholi, t. 1

l.A PERRICHOLI 113 está en su papel, porque esas mujeres son asL. Pero una· noble... una Marquesa de la Laguna, no puede entregar- se a un viejo chocho. * * * <.,·. i LOCUTOR: Y en otro grupo las murmuraciones no son menos malignas. CONDE DE OTERO.-¡ La Villegas, la Villegas en Palacio entre la rancia nobleza de Castilla! ¿Qué de.. cís, alférez? ALFEREZ.-Digo que no lo hacemos los mozos, los soldados que tenemos fama de falta de sesos, y lo ha- ce todo un Excelentísimo Señor Virrey del Perú... CONDE DE OTERO.-Y sin embargo, hay que rendirle pleitesía: tiene en sus manos el poder. VOZ FEMENINA.-Pero, ¿será verdad que el Vi- rrey piensa casarse con ella? CONDE DE OTERO.-Es muy probable: es tan encantadora; hay que aprender a serle agradable. VOZ FEMENINA ie·.-Yo ya lo procuro: el otro día fuí a los baños de la Piedra Liza. Me quedé hasta que ella llegó y me valí de un ardid para hablarle. VOZ FEMENINA 21}..-¡0h, qué bajeza! ¡Yo no haré eso nunca! _ CONDE DE OTERO.-Empero le ofrecisteis ·flores la otra tarde en la Iglesia de Nuestro Señor de los Mila- gros. . VOZ FEMENINA 2• (Colérica).-¿ Quién os lo di· jo? CONDE DE OTERO.-Estos ojos, que se los ha de comer la tierra... VOZ FEMENINA t•.-Y estos míos también, que vieron el hermoso ramo de rosas que le regalasteis. VOZ FEMENINA 2$.-No lo niego; empero, fué porque estaba arreglando el altar; ella se acercó, elogió

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