Ciudad del sol

' - 93- prudencia acons-ejábale no rechazar en el primer mo- ment10 a su ·Capitán general, debido a la numerosa tro- pa que comandaba; así dióle una negativa perentória y entre tanto ordenó la prisión de su hija. Ollantay, el má valiente mozo del Imperio, quiso vengar la doble ofensa que recibiera su amor y su hombría. .Sublevóse contra el m-onarca y se retiró a la pro- vincia de Urubamba, donde levantó la formidable for- taleza, cuya ruina aún mal descubierta, revela mejor que todos los poemas el temple y gran aiiento de su espíritu. Ollantay quis·o demostrar que sin tener la sangre divina del Sol, también podía ser Emperador. El General Horkco Huaraca, quien comandaba el ejército del Antisuyo, le proclamó como a tal; de allí la pompa y el lujo· deslumbrante que gastaba. Noches emocionantes de dolor debió haber pa- sado, encerrado en su fortaleza por el delito pasional.. Impotente para vencer al Inca, los años trascu- rrían y la Princesa ·Cusi Kuyllor dió a luz una niña, de peregrina belleza, a la que dieron el nombre de Imac- Sumac, que en castellano significa ¡Qué hermosa!, la cual, como su madre, fué condenada a vivir prisionera en uno de los conventos de las vírgenes del Sol llamado Acllahuasis. La tradición conser 1 va diver:s:as interpretacio- nes de ·este drama que originó la guerra civil en el Imperio. No falta autor que pretenda darle un lapso prolon- gado, contando que cuando ya el Inca Pachacútec ha- bía muerto y restablecídose la paz, Ollantay visitando el Acllahuasis apercibió a Imac-Sumac, cuyo naci- miento y prisión ignoraba, y asiombrado por el pareci- do que tuvier·a a su amada, preguntole quién -era, a lo que la doncella respondió "S,oy 1a hija de Cusi Kcuyllor y de Ollantay", y que sólo así reconoció a su hija y su- po que la madre había muerto de tristeza, l'lorando su . ausencia. Continuaba Ollantay en su fortaleza, amenazando al Cuzco, deseoso de libertar a la Princesa, que s.e en- contraba bajo la custodia .de la virgen carcelera Pitu- Siclla.

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