Ciudad del sol
-- 54 - n1as, y también pequeñas alacenas _de piedra, s.in du- da consagradas a las divinidades. Fué un ref ugio de la vida agrícola de .la ciudad y baluarte defensivo con- tra las tribus· amenazant~s. - . A.Jlí existen ·entradas que conducen a subterráneos inexplorados. Se cuenta que un -curioso al penetrar en uno de ellos, nio volvió a salir. 'De otro ~e dice que cuan- do el sacerdote celebrab~ la misa -en el altar mayor .del rremplo de Santo Domingo, sintió que daban golpes ·ba- jo sus pies. y que al abrirEe· el suelo apareci6 un hóm~ bre en ,estadio agónico quien ·murió sin decir p~Jabra alguna reveladora d-e 1o que existe oculto en _!lo recón- dito de Saccsa-huamán. . . · La·. tradición, con el vuelo de fanta,sías halagado- .ras, supone que. allí subsi1sten escondidos 1os ,caudales mitológ icos de1l ·Dios de los Incas. .. , . . Ah :o.ra sólo se pue de ver la. boca ruinosa- semi- abierta de un viaducto .neg.ro y repulsivo, al . lado .'- '.O.e andenes pedregosos qu e _en ·a quellos tiempos fueron como los jardines colgante:S, de Babilonia, ·cuando :·no cultivados y ·cubiertos c:on :el verdor · de maizales .o <¿e- badales ondulantes, dec_linando desde la altura en con- torno de la fortificación, . en una extensión ta-n ·gran- de que daba amparo a diez ·mil hombres. Desde la --edad de piedra primitiva hasta la del lm'perio de los ·In:cas, F,araone!s de los Andes, _y .después bajo el dominio de los Reyes Católicio-s españoles, el acontecimiento m.á~ notable y que mejor recuerda la historia, sucedido en esta f ortaileza f ué -el levanta,miento del Inca Manco II, cuando sitió al .Cuzco en Marzo de 1536, al puntó que los españoles tuvieron que refugiarse en el Palaéio de Sunturhua!si, hoy transformado en Iglesia del Triun- fo, en conmemoración de la aparición de Nuestra Se- ñora, a quien se debió el milagro de vencer a Mancq Inca. . . Desde allí se puede . avisorar la erguida fortaleza, testimonio inefable de tantas bizarrías, de insupera- bles esfuerzos, de ansias remotas, de inconsolables in- fortunios. , _ Tal vez pu~da el p:eregrino de las romerías arqueo- lógicas, sentir un~: congoja inusitada, pro~rumpir en un clamor extraño, ante el enigma guerrero de Sace:sa- huamán, surcado por la sangre que corrió sopre . es~
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