Ciudad del sol
-:-- 47 .- Los amigos y el vecindario que la ac10impañan le ofrecen chicha en abundancia para di1sipar su pena y cuando el sufrimier!to re\bal 1 de, contraviniendo el precepto de la costumbre, estalla en aguda cr.isi:s, le hacen recordar que puede comprometer la felicidad del niño, que ya goza al lado d·e Dios. Llegada la noche el muertecito, vestido de blanco, adornado con flores blancas y ros·ada.s, de papel, alum- brado de cirios, es objeto de entusiasta y macabro festejo. Cualquier transeunte tiene derecho de a.si :stir al "velorio", porque la puerta del recinto perma nece abier- ta toda la noche. Allí abundan las guitarra:s, con ac.om 'pañamiento de quenas, los cántaros de chicha y el jarrit a de aguar- diente con que se ameniza el baile y e.l canto que se prolonga hasta que amanece un nuevo día, en ·el que el cadáver, dentro de un burdo cajón, es conducido sobre hombr101s inseguros y tambaleantes al cemen- terio. En la vivienda indiana, vuelve a reinar la tris- teza y el silencio de ante1s, y la mujer .sin otro luto que el de su corazón, mira indiferente el batán que re- clama la molienda, y sus ojos buscan los cúyes con ren- cor; mas, éstos recel10sos por la inucitada algazara ise han .escondido. · · En su so.Jedad el .corazón apesadumbrado recla- ma al hijo y como no le encuentra, ebria de alcohol, de dolor, de música y de baile, lanza el f1o:rmidable ala- rido ca.paz de aterrorizar a -la.s..best,i;a:s s-e\lváticas : "Huay !, huay !" Es el huracán de la tormenta 'del al- ma india que ;sale ·de la boca, cuando la desesperación le ha quitado 1 l:a máscara indiferente que le da .insen- sible apariencia. "Huay ! huay _!'~ . repite :encerrada en la ·pobre ·mo- rada, y el eco de este 1amento f orimidable tr:aispa1sa la piedra . y llega hasta fuera, como si saliese de una caverna ·extraña perdonando :el :sufrimient10. de los .si- glos ~opr~sore~ de su ·· e~i.stencia.
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