Ciudad del sol
- 29 - Las estaciones se ·ven animadas · ·por la concurren- cia de indios campesinos, y algunas por los mercados serranos placenteros de color, y animados con los ma- tices de lns amplios f1aldellines i 1 ndianos. La línea férrea es atrevida y de sólida constru~ ción; hay viaductos magníficos. Ya ha desaparecido la luz de la tarde cuando e1 tren se detiene en el ·Cuzco, la tierra prometida ·ae mis anhelos artísticos ! La ·ciudad grande del Imperio del Sol, la ciudad arcaica que mi mente forjaba, estaba oculta, perdida con el ténue alumbrado eléctrico que sólo la aclaraba, ·como las lámparas veladoras del santuario de ~u pa- sado, de rem.ota grandiosidad. La ciudad moderna, agitada y ·movible con el en- tusiasmo que mi llegada les inspiraba, se había congre- gado en el andén de la estación. Con dificultad me abrieron paso, entre la multi- tud, hasta la línea del tranvía, donde dos carros me e~peraban para conducirme hacia el centro de la ciu- dad, en compañía de las distinguidas señoras cuzque-~ ñas y de los altos funcionarios y magistrados que tu- vieron la gentileza de recibirme. .Se des1izaba suavemente el carro del tranvía y aun resonaba gratan1ente en m.is oído~ el eco halag,ador de los vítores y aclamaciones que me prodigaron, y así, departiendo grata charla y tiernamente emocio- nada por la sincera y eEpontánea manifestación de que fuí objeto, llegamos a inmediaciones del vetustio y grandioso palacio Prefectural. Admiraba la suntuosidad de la piedra patinada por el tiempo; la amplitµd del ~magnífico salón de re- cepciones, tapizado de rojo, eon reminiscencias del renacimiento, y a la selecta concurrencia allí congre- gada, representando al Cabildo, a la Universidad, al Poder Judicial, y también admiraba la correcta elegan- cia de la moderna cuzqueña; sin extrañar la cortesía lejana de los Palacios italianos. E1 Prefecto y .su familia atendieron solícitos a todos, y les obsequiaban con pastas y champagne ~
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