Ciudad del sol
ríase cuerpos sensibles y gimientes, que .se revo.Jcasen- sobre la costra rocallosa de la·s cumbres. También los hay graciosos, que adoptan elegantes · actitudes; se adornan con pencas en las que brotan las flores sin aroma que lucen sus colores como cintás es- trujadas, obispales, cardenalicias, y :o.tras con la .ama- rillenta palidez del lotus. Estos espinos se aislan y sólo viven en las soledades de las punas, cual familias so- litaTias o colonia penitenciaria, -en reducido -espacio: crecen muy juntos, ·estrechándose al punto que produ- cen la sensación de una intimidad dolor.ida y tierna, como .si sufriesen un aislamiento involutario, y la tris- teza de la .soledad de la. existencia en el paraje remoto, en la ~levación de los cerros, en la aridez ajena a la vida, en el ambiente asfixiante por la rareza del oxí- geno. En Lagunillas, (14.280 pies) se ape,rciben her- mosos lagos, entre las sinuosidades de los cerros. Principia el descenso lentamente hasta que se lle-· ga a Juliaca, (12.5'50 pies) donde debo pasar la no- che para tomar el tren que m·e conducir'á al ·Cuzco al siguiente día. · Conforme declina la altura, los viajeros sienten alivio; los rostros principian a descongestionarse y la sangre circula normalmente. El que no tiene costum 1 bre de realizar esos viajes con frecuencia, puede estar seguro de sufrir del mal de altura, que llaman "soroche" y el que no lo ha sen- tido dur·ante el tray,ecto, lo s 1 entirá después, en Julia- ca, sin que implique mayor peligro, pues generalmen- te sólo ocasiona un fuerte dolor de cabeza. La tarde ya había obs·curecido cuando bajé del · tren y me dirigí hacia el mejor y quizás único Hotel de J uliaca, que se encuentra a inm·ediaciones de la E .s- tación, y con eapacidad para dar alojamiento a ·un cre- cido número de viajeros. Como es la época de lluvias, no me .sorprende que durante la nocihe gruesos chorros de agua, al caer des- de los altos del tejado, prioduzcan estrepitoso ruido, ni tampoco que la Plaz·a amanezca anegada, trans- formada en paisaje veneciano, al punto de ser · difí- cil encontrar senda alguna, que conduzca a la Esta- ción que no esté enfangada.
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