Ciudad del sol
·- 195 ---- netrar un poco su, ideología, conocer algo del concepto que le merecen los problemas de la hora presente, ha- cerle r ·evivir sus impresiones del viejo mundo, en don- de las cuestiones del feminismo, sobre todo después de la guerra de 1914, han alcanzado cierta preponderan- cia que no sólo preocupa a 1os espíritus interesados~ sino aún a los hombres :de gobierno, a los que antes rechazaban, por considerar utópicas, las teorías que ahora desarróllanse con empuje ·manifiesto. La tarea, ·'en sí, era bastante difícil. Pero, afortu- nada.mente, como la distinguida escritora cuenta con un caudal enorme de reservas mentales y espirituales, la labor tornósenos fácil, agradable, atrayente. Fué la nuestra una conversación que se apartó de los límites córrientes. No llevamos para cumplir nues- tro cometido, según acostumbran los .reporteadores a la antigua, papel ni lápiz. E1 fruto de la entrevista lo encomendamos a la memoria, pues cuando ésta ha sido suficientemente disciplinada o el)trenada, sobran esos. elementos que alguna vez se toman con objeto de lla- mar la atención. Sin ánimo previo, sin preparaciones que muchas veces fallan en la realidad, con toda . naturalidad, con desenvoltura, hablamos a la talentosa "Evangelina". - Señora - le dijimos - constituye algo muy importante y trascendental el programa de principios que sobre feminismo en el Perú ha hecho usted pu- blicar en los diarios. ¿Tiene usted fe en el logro de sus afanes y preocupaciones? ¿ .No 'le parece que aún esta- mos sujetos a una gruesa cadena de convencionalismos que nos impusieron en los idías del coloniaje? La señora Zoila Aurora Cáceres meditó tan -sólo un momento y a poco repuso, con voz lenta y suave: - No desconozco lo arduo de 1a empresa, pero tengo fe en sus resultados. El feminismo, entre noso- tros ha estado reducido a muy pequeños círculos. Quie- nes han tratado de prolongarlo han estado poseídos, seguramente, de muy buenas intenciones, sólo que los procedimientos adoptados no han sido los mejores ; de ahí que los frutos no rindieron tndo lo excelentes que se esperaba. Todavía pesa entre nosotros - añadió la distinguida escritora - la tradición. E 'sto es indis-
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