Ciudad del sol
LA CA 'f EDRAL. ¿ Qué ama quien esta be.Jdad no ama ? ¿Qué siente el que no supo conmoverse ante la se- ñoril belleza de las viejas Catedrales? ¿Dónde encontrará abrigo el ·que jamás tuvo bro- catos ni dalmáticas, togas ni ricas vestiduras? ¿ Dónde se halagarán .sus ojos si no se recrean con las ofrendas lujosas y tiernas de fos tesoros místicos? La Catedral es el alma de los siglos que no mue- re; ·es 'la vida interior, fervorosa y silenciosa, espfritual y triste, de los amores desconocidos, de las tragedias ignoradas; de los sucidios de alegrías que la prome- sa decapita, que el vot'O perpetúa, que la fé eterniza. Bella desposada que extiende los brazos de sus naves llamando a todos: al creyente y al incrédulo, aJ desesperado y al que espera, al indiferente y a] fer- voroso, al niño y al anciano, al rico y al pobre.
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