Ciudad del sol
MONSEÑOR YABAR. ¿Quién que haya visitado el ·Cuzc·o, no conoe·e a Monseñor? De jóven fué a Roma a besar la sandalia de su Santidad el Papa, habiendo llegado, en_la ancia- nidad, a ser Canónigo de la Catedral cuzqueña ; negán- dose a aceptar el Obispado. Place oirle: c~ando le ofrecieron el Obispado res- pondió : "No, prefiero no conocer la vanidad propia de las altas dignidades". Ha viajado por Europa y continuamente va a la capital; mas sin haber corrido mundo. En Lima, una celda del 1Convento agustiniano le dá hospedaje y es- cucha al Prior y obedece el toque de la campana. .Al celebrar el holocausto de la Misa., la unción de sus plegarias, la devoción de su alma se comunica al au- ditorio y el Tem:plo de San Agustin parece que adqui- riese un recogimiento, una piedad más dev'Ota que antes. · Desconoce la austeridad martirizada que amaron los penitentes del cuerpo y sigue hacia el rcrumino del cie- lo, dentro del an1or a la plegaria, dentro del aimor al prójimo, dentro del amor a la familia. De ilustre abolengo español, parece haberlo ol- vidado, su espíritu tierno lo vincula a los parientes de la República y cuenta,_sin afecta.eión, cómo )azos de f a:rpilia lo unen a ex-presidentes del Perú, Chile y Colombia. Habita en el Cuzco una m-orada clerical, bañada de luz, cuyo patio luce un jardín perfumado de flores y de lozanos arbustos. En un ángulo se encuentra la amplia escalera de piedra gastada por el tiempo; ·bien puede conducir, por su a 1 specto señoril, a las bla 1 sona-
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