Veladas literarias de Lima: 1876-1877

MERCEDES B. de DORADO Cayó en el suelo p0r la vez tercera, E invocando al Eterno, le decía: -Padre., haced que este cáliz de agonía • Pase de mí; mas cúmplase Tu voluntad ¡oh Padre! no la mía.- Pero de pronto un grupo transparente De blancas nubes se extendió en el cielo, Y una luz descendió, resplandeciente Que otra forma tomó llegando al suelo. Y vió Jesús un ángel luminoso Que en la mano llevaba Un cáliz misterioso. Ante Jesús doblando la rodilla, En la tierra vertió su contenido; Y aquel miró su sangre sacrosanta Que unida á la de mártires sin cuento, Hizo brotar una divina planta Que en árbol gigantesco convertida, Con sus ramas frondosas cubrió el mundo; Abrió flores lozanas Y dió fruto fecundo, A pesar de los rudos aquilones, Y que gustado p•>r humanos seres Secó en sus almas llenas de pasiones El odio y el rencor, crnel servidumbre, E hizo nacer con su divina influencia Amor y mansedumbre. Y en esas almas ya regeneradas Mi.ro Jesús escritas, rrres palabras por Él ya consagradas, Sublimes, infinitas: Palabras que en sí solas conuensaban El fondo celestial de su doctrina, Y en esa hol"a suprema le brindaban 47 •

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