Veladas literarias de Lima: 1876-1877

MERCEDES B. de DORADO Que su hora era cumplida, Terminada la cena, Despues de dicho el himno, encaminóse • De los suyos seguido Hacia el monto Olivete, do solía A un huerto retirarse que tenía Gethsenianí por nombre. Allí, de toda compañía aislado, A su Padre implurando por el hombre, Largas horas pasaba retirado. Y mientras en silencio caminaba, Sintió qne un gran pavor su alma inundaba; El pavoe de la carne Que á la sublimidad del sacrificio Los terrestres temores oponía, Y volviendo á los suyos les decía: -¡Ay! triste h:::ista la muerte está mi alma, Velad y orad conmigo, Y no os tiente en el sueño el <memigo.- Entró en el hnerto, aclelantóse solo Y allí cayó postrado, Invocando á su Padre acongojado. Ante su mente se mosteó sombrío El expectro siniestro de la muerte; Y cual las olas de tur hado río Una tras otras fueron Pasando las miserias humanales Que sobre sí cargara, Y delitos y males Pesaron en su mente clolorida. En las visiones q11e preceden la hora Postrera de la vida, Contempló el porvenir negro, espantable, Vió h1s rersecnciones que los snyos, 45 •

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