Veladas literarias de Lima: 1876-1877
ABEL de la E. DELGA DO 37 gencia y que, aunque no fuera más que para intervenir en el juego de las industrias y en la práctica de los negocios, le conviene conocer todo lo concerniente á la conservacion y garantía di los derechos que posee. Al hablar, últimamente, de la participacion que la ¡ rnjer debe tener en la sociedad política, no seguiré la opinion de las que pretenden envolverla en las grandes luchas y agita- ciones de los partidos, llevarlas á los parlamentos, á los cole- gios electorales y á las turbulencias del meeting. Confieso sinceramente que esa clase de política femenjna~ dista mucho de serme simpática, por más que haya quien se empefü~ en exhibirla como muestra del progreso de este siglo; por más que haya quien pretenda convencerme de que una mujer es un hombre. La cnestion, para iní, no es más qu~ la influen- cia de la mujer en la política; é influir en la política no significa hacerla de una manera directa. La política interesa á las mujeres lo mismo que nos in- teresa á los hombres, y sería un grave error asegurar lo con- trario. . La libertad, inapreciable garantia de los derechos individuales que debe poseer toda persona, sea cual fuere su sexo; el servicio militar forzoso, especie de esclavitud tem- poral que arrebata al hijo de los brazos de la madre, para llevarlo á la guerra y, tal vez, al sacrificio; los impuestos te- merarios que impiden al jornalero llevar un pedazo de pan á su boca ó cubrir con un pedazo de lienzo la desnudez de sus hijos: todo esto y mucho más está en la raíz de la política, y conviene á la sociedad entera que la mujer ponga en ello sus muy delicadas manos y su agudo entendimiento; y qne, llevando su poderosa influencia hasta el precioso santuario del corazon y del alma, resuelva esos intrincados problemas, segun las leyes de amor y de humanidad, cuyo secreto tan admirablemente posee. La mujer es la gran palanca, la gran fuerza moral llevada al mundo de la política; su misión es encender el fuego del sentimiento en aquellas atmósferas heladas. ¡Ah! demasiado
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