Veladas literarias de Lima: 1876-1877

ABEL de la E. DELGADO 29 gloria al campo de las investigaciones; y no solo es ya el hombre el que emprende esa ímproba campaña, guiando á la juventnd con abnegado cariño, sino que la mujer, ese arcángel ~e dnlzura que con su planta embellece la tierra que nuestras lágrimas riegan, la compañ0ra del ho¡ibre, desde la cnna del mundo en los jardines del Paraiso, se presenta tambien para ayudarlo, eficazmente, en la jornada, y para prestarle auxilio en todas las esc~tbrosidades que se ofrezcan á su paso. " ¡Oh espectáculo magnífico de la ci vilizacion !... La mu- jer participará, tambien, de los lanreles que el hombre llegue á obtener en el templo de la gloria! La presencia de la mujer en los centro;:; literarios, no es para mí nna simple novedad: es una verdadera revolucion, cuya gloriosa bandera es la del progreso dd siglo, puesto que esa revolucion significa dos grandes preocupaciones ven- cidas: aquella de que la mujer no debe penetrar en el san- tuario de lo que se llama alta enseñanza, y la otra preocu- pacion vergonzosa de que la mujer tiene su educacion con- cluida, cuando sale aprovechada del colegio. Si el corazon de la mujer está abierto á todos lo~ sen- timientos nobles y generosos, como el caliz de una flor al rocío de los cielos; si su entenlimiento es perspicaz y su penetracion esqnisita; si su espíritu es capaz de elevarse á las mas snblimes abstracciones y á los mas delicados con- ceptos ¿por qué no abrir, cada dia, nuevos horizontes á su espíritu para ponerle en contacto con todas las grandezas ele lo creado? Solo el deseo de mantener á la mujer en una profunda ignorancia, para hacerla víctima constante de un injustificable egoismo, puede explicarme el sistema de alejar- la de todo centro literario. ¡ La mujer inhábil para la alta enseñanza ! Apenas quiero ocuparme del otro error de los hombres que aseguran que, la eclucacion de la mujtir debería con- cluir á las puertas del colegio. Los que tan mal han jnz-

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