Veladas literarias de Lima: 1876-1877

M. C. de CARBONERA 9 pompa, la grandeza, el esplendor de esas naciones, nos pre- guntaremos al fin: ¿si esto hubieran sido las civilizaciones ant1gnas, qué nos quedaría hoy de ellas? Nada. Y ciertamente que no nos queclarian sinó nombres que nada dirian y las relaciones de esas bárbaras y sangrientas batallas, que mas bien, matanzas debieran llamarse. Mas nó; felizmente no es así, y si quereis saber lo que fueron esos pueblos y esas civilizaciones, preguntadlo á las letras, preguntádselo á las ci encias, preguntádselo á las artes. Las letras os dirán que hoy, clespues de un número asom- broso de años, se conservan, llegando hasta nosotros en la forma de proverbios, los grandes pensamientos de los sábios de la India, de ese pueblo admirable por su sabiduria, que vió las primeras alboradas de la civilizacion, y cuyas máxi- mas parecen escritas para todos los hombres, para todos los pu~blos y para todos . los tiempos, porque lievan el sello indestructible de la verdad. Las letras os dirán que, donde quiera que exista un hombre que lleve un sentimiento poético en el corazon y un canto armonioso en la mente, allí se repetirán, como un modelo de eterna y sublime armonía, Jos cantos ele un pobre ciego, de un mendigo, cuya inmortal cabeza no tuvo mas docel que la verde fronda de los platanales de Smirna, ni su planta holló otro tapiz que el húmedo césped que corre á las orillas de los arroyuelos. Y este pobre ciego, ese mendigo sin hogar y sin familia, que desde Smirma hasta Oimea atraviesa á pié el llano de Sarabat, con el corazon desgar- rado por el infortunio y la frente cubierta de polvo y sudor, era el sublime é inmortal Homero que iba á Cimea, la pátria de su madre y de sus abuelos, á ofrecer sus cantos en cambio de un pedazo de pan!!!. .. era el padre de la poe- sía y el hombre de quien se ha llegado á dudar, si un solo corazon y un solo cerebro serian ca.paces de producir tantas armonías, tan grandes y sublimes cantos; como si no fuera

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