Veladas literarias de Lima: 1876-1877
- XXXV - ha conquistado, sin temor de que se nos vitupere de indis- cretos». Pero creemos oportuno poner ya término á estas pagmas, en que~ como la linfa pura del Juramento que corre refres- cando las flores olvidadas en el fértil valle de Lerlt.a háse deslizado la vida risueña en su aurora, y llena de contrastes mas tarde, de esta célebre hija de Orcones; refrescando tam- bien recuerdos mal guardados de heróicos defensores de la Independencia; y queremos hacerlo con una reminiscencia oportuna del último dia de nuestra permanencia en el viejo mundo. Así, estos rasgos biográficos que tienen por introduc- cion un paralelo literario tomado al pié de una tumba, ter- minarcí.n con otro, al tropezar con el féretro de otro notable hijo de Salta, que una coin0idencia puso en nuestro camino. Regresando dR dar la vuelta al mundo, veníamos á embar- carnos en el puerto de Ljsboa, cuando al desembocar de la calle de Buenos Aires, en la capital portuguesa, un fúnebre cortejo nos detuvo, frente al monumento levantado á la glo- ria del príncipe de los poetas lucitanos. Una bandera argentina cnbria aquellos restos, que no eran otros que los del General don Dionisia Puch, quien, embar- cado en Lima despnes de un tan largo viaje y no menos penosa enfermedad, espiraba al llegar á las playas de Eu- ropa. Pariente de la señora Gorriti, era el mismo á quien la autora hahia dedicado la biografía de Güemes. Los colores de aquella bandera, el sitio de aquel encuentro, ese nombre, este recuerdo, traen hoy á la imaginacion una reminiscencia que no creemos del todo importuna aquí.
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