Veladas literarias de Lima: 1876-1877
BENICIO ALAMOS GONZALEZ 375 tamente nuevo, no estará e.lemas proguntar:-¿Ouál será la 1 moral que deba enseñarse a la mujer? ¿Será lP\ moral de los que someten nuestros actos a la san- cion del placer i del dolor, de la felicidad i la desgracia social, segun sean buenos o malos? ¿Será la moral especulati a de los que intentan <lar a los seres humanos un ideal de perfec- cion, esperando que poco a poco, por la transmision heredi- taria, por la educacion i por el hábito llegue a inocularse ese ideal en la conciencia de cada individuo? ¿Será la moral de los que acumulando hechos esperimen- tales i fisiolójicos sobre nuestros instintos, sobre. nuestras pasiones i sobre los actos que dominan nuestra voluntad o limitan nuestra libertad, esperan descubrir así las leyes fijas a que está sujeto nuestro espíritu? O será simplemente la moral cristiana que tiene por fun- damento el amor a Dios i al prójimo? Es indudable que de cada una de las tres primeras concep- ciones hai mucho que sacar, sobre todo de la tercera, que puede darnos un punto de apoyo positivo en el caso que nos rodea. Pero por el momento creo que solo debe pensarse en la buena enseñanza de la moral cristiana metodizada en estos preceptos. Primero. Creencia en Dios, i en la inmortalidad del alma, como principio i fin ele nuestra existencia; Segundo. Conocimiento ele nosotros mismos i práctica de la virtud, como deber de desarrollo personal; Tercero. No hacer a otro lo que no se quiere para ~í, como deber obligatorio, imprescindible, de estricta justicia para con los demas hombres. Cuarto. Amar a su prójimo como a sí mismo, siendo esto solamente un precepto voluntario, destinado al perfecc~o_na miento social. Todos estos principios son sumamente claros; están al al- cance de la intelijencia ménos despejada; cuentan con el
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