Veladas literarias de Lima: 1876-1877
ACJSCLO VILLARÁN 339 carlo, y la razon lo dicta, á la entrada de la iglesia, anterior á,..., las naves de ésta y frontero al altar mayor, para obrar en con- traposic l~m de los domínicos, edificaban el coro alto del tem- plo de la Compañía, á la izquierda del altar mayor, cerca ele él y al finalizar hi na v0. Si la casa grande de los jesuitas, San Pedro (porque las casas chicas eran San Cárlos, Guadalupe, los Desamparados y casi todas las fincas de Lima) tenia tres puertas, por la pa- sada que le jugaron á nn Pontífice y á un Virey, de la que se ha ocupado con su sal, su pimienta y hasta su orégano, mi querido maestro, el anticuario Palma, á la iglesia de Santo Domingo, le abrió la reverenda comunidad una puerta de entrada principal en el lugar por donde no debía entrarse y otra accesoria é irregular, cabalmente en el sitio que recla- maba á gritos la principal, todo por llevar avante el espíritu de rivalidad ú oposicion. No quiero ser largo, aunque para longanimidad me basto y me sobro, relatando mil y un ejemplos de la laya de los apuntados, y concluiré repitiendo los aforismos que se endil- gaban entre cuero y carne, y en latín por mas señas, los de Guzman y los de Loyola, y por ellos pueden hacerme patria de cómo se acariciaban los tales por cuales. Decían los domínicos: Quid con jesuitis, itis, con J eRus non itis. Quien con jesuitas anda, no anda nunca con Jesus. Vociferaban los jesuitas: Quid dominicanes canes, con domino non canis. Quien con domínicos vá, no vá jamás con el Señor. Con todo este chocolate que tiñe lo suficiente, fácil es com- prender que la oposicion de forma ó constrnccion, se iba extendiendo al fondo ó institucion, como si dijéramos al culto. A qui ele las mias. Sospecho que entraré en materia. Punto y aparte.
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