Veladas literarias de Lima: 1876-1877
- VI - en el libro VELADAS, nada me impide llevar la .flor del recuer- do á la tumba de las nobles amigas que fraternizando en idea- les con la digna madre de usted, fueron el encanto de aquellas deliciosas noches, de cordiales, de íntimas espansiones, gozadas en el mq_desto, á la vez que elegante salon de la 1·tustre literata argentina. Ni cómo olvidar á Cristina Bustwnante, la hada gentil de rizús cabellos y ojos fascinadores, que tan melódicos trinos arrancaba de su garganta de ruiseñor; á Rosa Mercedes Ri- glos de Orbegoso, la aristocrática dama, cuya pluma nos em- belesaba con escritos de académica correccion; á Rosa Ortiz de Cevallos, la magistral pianista; á Victoria Domfnguez, la risueñajóven que cambió, en breve, su corona de azahares, por las amarillentas flores del sepulcro; á Manuelitct V. de Pla- sencia, la dulce poetisa de las sencillas frases, corazon de án- gel encarnado en la mas simpát?"ca de las mugeres! Cómo olvidará Adolfo García, el poeta de calderoniana entonacion; á Acisclo Villarán, el de la ep1;gramática musa y á tantos otros asíduos concurrentes á las Veladas, verdade- ras lides, en que las armas del talento y del ingénio se dispu- taban el lauro. Pocos quedamos en pié de aquella pléyade en- tusiasta de luchadores que hicieron de las amenas tertulias de Juana Manuela Gorriti, animado palenque de literarias con- tiendas. Despues . •.• en el reloj del tiempo sonó la hora de los gran- des infortunios para el Perú . .. . y á los dias de pasion febril, por las letras, han sucedido los de amargura y desal?:ento. Triste, tristísima cosa es encanecer y vfoir de recuerdos do- lm·osos, que la memoria, en los viejos, no es sino vasto cemente- rio en el c·uat las lápidas son los nombres de séres que nos fue- ron queridos! Por eso el libro que á la vista tengo, melancoliza mi ánimo
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