Veladas literarias de Lima: 1876-1877
RICARDO PALMA 75 verdadero, cuando escribió aquellos dos versos que saben de coro hasta las monjas y los niños de la doctrina: ~lérida para mí dulce y sabrosa Mas que la fruta del cercado ageno Estos dos versecitos han hecho mas víctimas que el colera- morbo; porque nosotros los pícaros hombres á fuerza de oirlos repetir, nos imajinamos que ha de ser verdad evan- gélica aquello de que el bien ageno es manjar apetitoso y del que podemos darnos un atracon sin necesidad de pagar bula. Y en consecuencia nos echamos por esos trigos á cazar en vedado. 1 Y tambien es el caso que las faldas no nos van en zaga á nosotros los barbados y discurren que pues lo dijo Garcilazo, ello ha de ser verdad inconcusa ; y que habiendo mediado bendicion de cura, ya es una muchacha bocado de cardenal por el que hemos de pirrarnos como l as moscas por la miel. Dios supo lo que se hacia cuando para castigar al poeta por los dos versos escandalosos que la mocedad le inspirara, permitió que lo matasen de una pedrada en el colodrillo, allá por los años de 1536 y cuando apenas frisaba el enamo- radizo vate en la que se llama edad de Cristo. Téngalo Dios en la gloria celestial, que en cuanto á la terrena, vivirá Gar- cilazo mi.entras la rica habla castPllana tenga apasionados que por su pureza se 1nteresen. Volviendo á los consabidos versos, digo que la historia está poblada de cuentos en qne á los golosos se les convirtió la fruta en rejalgar. Sin ir muy lejos, tuvimos en Lima á todo un Virey (el Conde de Nieva) que pagó con la pelleja, en la calle de los Trapitos su pecaminosa aficion á qTiebrantar el noveno mandamiento, aficion nacida en su alma con la lectura de la égloga de Garcilazo. Por hoy, he de contar el triste fin que, por llevarse de
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