Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

I IfOJAS SUELT,4S. Cuando oscurece, la pupila, dilatada entre las sombras: de la noche, luce radiante con la luz del cerebro ajitado por esa fuerza creadora que le infundió el dedo de Dios al dotarle de pensamiento.. II.. Hemos llegado á los umbrales del panteón genera;! de Arequipa. La Apaclietq dista tres millas de la población, y, ca:.. mino regular, conduce al viajero por entre ranchos c.olli arboleda de -Constante verdor, con su gallo que canta y su buey que rumia, esperando el yugo qúe·en la ma- drugada ha de llevarle á la labranza del campo. Las ruínas del terremoto de Agosto del 68 se mani- fiestan en ese trayecto y en la plazoleta del panteón,. ·con muestras aterradoras. Éramos diez paseantes; partímos á la madrugada sobre lustrosos corceles que, rápidos, nos llevaron á las puertas de fierro, de elegante trabajo,. á cuyo dihtel nos apeamos para cruzar el espacio que-separaba el recinto de los vivos del de los muertos. Al otro lado de esas puertas, ¡el silencio, la eterna paz de los sepulcros! Aquí hulla, miserias, envidia. murmu- ración, egoísmo, vanidades; allá igualdad, quietud: el mismo polvo para el rico que para él pobre, el mismo guzano roedor en el fondo de los ataúdes y en la hu- milde tierra el mismo 1misterioso sueño de la eterna noche!! . . .. ¡Envidiable sueño el de los que se durmieron er el Señor, velados por las sombras de la muerte, que pa- sea entre las tumbas! IIL Un añoso árbol de molle cuya fronda convida al descanso, es el centinela de las puertas que diariamen-

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