Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
· HOJAS SUELTAS. á Lía en lugar de Raquel, como llorara con lágrimas paternales el día en que la venta del casto José le fué anunciada con el fraude de la victimación del hijo cuya túnica ensangrentada abraza. La traición por doquiera pide sangre y ven~anza, y la sangre corre á torrentes por mandato de Tiberio, de César, y de Herodes el Grande, cuya cuchilla extermina- dora no se detiene ni ante su propia sangre, junto al templo mismo donde corre también la de Zacarías el Justo. Allí Cambises, Quinto Curdo, Athalía, Mario, Sila. ¡ah! mil otros nombres pregonan destrucción, y el mun- do, envuelto en el error, completa la iniquidad de Amán, la traición de Absalón, el parricidio de Aristibulo, y la devastación decretada por Hircano, escuchando el to- que de la espada homicida, los ayes del moribundo cu-- yas entrañas devora el veneno, y á oscuras se dice ma- ta, y el rozar de las cadenas de la abyección aconwasa ese ruído atronador. Parece que la humanidad está en vísperas de perecer devorada por sí misma. . Mas, la Providencia es ignota, y su obra será salva- da en el borde mismo de la destrucción. Junto á la san6"re que mana, como testimonio del desquiciamiento acarreado por el paganismo, correrá sangre inocente, sangre redentora. Los tiempos se han cumplido. El pesebre de Belén recibió en noche bendita al e )rd~ro inmaculado, y á los treinta años trascurridos del 25 de Diciembre del año 4004, las comarcas de la Judea escucharon fa. 9'"\a- labra de paz que lleva la consolación al desvalido y el t~rror al tirano. Al eco d·e esa voz aplaca la mar su n1- gidora tempestad, hiere el oído de los cadáveres que, o0edientes, se levantan, recobran la luz los ciegos, abandonan su lecho los enfer.mos . y los .pecadores se estrem~~n oyendo el relato de sus desvíos. Hé aquí qu.-.; la. hora se acerca. f
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