Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

. HOJAS SU,ELTAS. , U?J~ . ~iH~ :de terreno ca111·prende la superficie res~ baladiza de lava enfriada, exhibiendo á trechos mancho- nes de sal, como si fuese el signo de la amargura que en- , cierra sus €ntrañas. ¡Cu~ntas veces, al cruzar esa playa ~rida nos hemos dicho: ¡ni una flor, ni un arbusto con.vi - da! ni siquiera una de esas trepadoras parácitas que van á alñergarse en la grieta de la peña, porque ésta, como la higuera maldecida por el Nazareno, nunca más pro- ducirá verdor! y hemos pensado en la filosotía materia- lista; lava volcánica que cayendo sobre el corazón hu- " mano esteriliza los más dulce sentimientos. . "r Una milla rec<?rrida, y el contraste es como la sonri- sa de la naturaleza cuando sale el sol en mañana lluvio- , sa, haciendo brillar la· gota cristalina, temblorosa aun sobre las verdes hojas. Todo es alegre desde donde comienza Qqueromarca, La!'} corrientes de agua resbalan sobre grama, bañando· así los saúcos y así los arbustos que, como -el árnica, de florecita amatilla, .perfuman el aiie, y en su contorno se destacan las cabañas p0éticas, con su palomar, su perro que vijila y su buey que lame la granza de la cosecha anterior.. l.I. füesanda.t1dp el camino, pintado con tinta. lúgubre, está" la c:ampiña vestida de floresta 'Y sembrados, que deja ver una blanquecina quinta donde el ángel de la feliCidad tendió un día sus alas de n-á.~r. La verde grama de Jos vallaclos,_ como diadema, de esm.eraldas, circundaba aquel .solitario recinto en donde ela1:.ttor ha- bló con el suave acento de los corazcmes satisfeehos. ¿Q~ién se hubiese atrevido· á hablar de la-muerte y la ruina allí do moraban la vi.da y la alegáa? S ·1· . ' .c. • ' ' . . i· a~n eg10. ¡pro10nac10n~ . . . . . .. . . ·. . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . Una noche. húmeda y fnía, aun lo' recordamos, los inocentes moradores salieron de sus casas espantados,. llevando en su semblante el reflejo del pavor. -

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