Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
• NOCTURNO. Jt i III. Un día anduvimos conociendo los edificios de la ciu- dad poética que,. como sultana orgullosa, se recuesta al pié del Misti jigantesco. _ Para nosotras, _nacidas en la t.ierra de las grandezas y de los monumentos sorprendente-s, eternos como la. piedra de que están ~ormados; todo nos pareció pobre, deleznable y pequeño. Los -monumentos del Cuzco van pregonando, .al tra'- ves de los siglos, su magnificencia, su poder, su eter- nidad. · Sin embargo, edificios eternos también encuentra el espíritu reflexivo, sea -que se confunda en la multitud del poblado, sea que cruce sofitario por la selva de- sierta. : Nuestros pasos se dirij ieron, independientes de la voluntad, hacia el centro de las naves sombrías de un templo: fuímos á arrodillarnos cerca del sitio donde Ul). ministro del altar confortaba al~a agonizante, absol- viendo al pecador por cuyo corazón cruzó el rayo bené- ~ ficó del arrepentimiento. . ·--> ~ Y pensamos en el edificio moral, que, grandioso y perenne se alza junto al hombre mismo, que, caído, quiere levantarse. Esta idea nos llevó el recuerdo del Rey arpista que lloró un día: sobre las cenizas de su pasado, en aras de su penitencia, de donde salieron raudales de luz, le- vantándose de ellas, el Fénix de la purificación, que aplacé la venganza invocada por la sangre de U rías. De su arpa salieron notas que estremecen el alma, y conmovido el cielo repitió, allá en las alturas incon- mensurables, uno á unof los acordes de los SALMOS in- mortales. Y desde entonces, David es ei amigo inseparable de los que han llorado por el amor en la plenitud del sen- timiento. Es el amigo d~ los que tienen corazón. . . .. . . . . . . . . ,• . . . . . . . . . . .
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