Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

62 ' TRADICIONES CUZQUEÑAS. nejabá tanto el cepillo como el rosario, poniendo par- ticqlar cuidado en la limpieza de la sotana y en el ad-- calado de su cabellera que en blancas y rizadas gue- - dejas caía sobre el cuello de rica bordadura negra.• El señor Cortés iba siempre hecho un anzz y aquel esme- ro exterior dab~ buen indicio de su compostura inter- na. Su virtud ejemplarizaba al vecino y su ciencia ilus- traba á todos con fácil y galano buen decir. Pero, tenía su viciecito, como todo hijo de Adán; vicio inofensivo y en boga por aquel tiempo entre la gente de tono. Domiríábalo el rapé, ñno polvillo que cargaba en va- liosas cajas de oro guarnecidas de pedrerías, al lado de las cuales habría ,lucido las suyas sin rival mi digno amigo y paisano el General ·don Luís La-Puerta. Y digan ustedes si no sería simpático el peronajes cuyo retrato hemos intentado diseñar, garantidas por la notable cirGunst~ncia de que hace ciento sesenta y seis agostos que el hombre duerme bajo tierra; pues que, á tomar todavía el q:tpé con la zurda, no faltaría malediscencia humana que nos acusase de intenciones pref~renciales como ocurrió en la bendita tierra- del Misti con· motivo de loa que nos endilgara escritor con votos eh _mano de Obispo, pronto á retractarse de ¡tama- ño escándalo! por más que nosotras siempre miramos de tejas para abajo el humo del zahumerio que, en litera- tura, ni quita·ni pone, y en vanidad de mujer, ni pone ni quita. . Ya que conocen ustedes á mi gran amigo el doctor Cortés, comenzaremos la tradición. •J III. La peste asolaba, pues, de tal suerte á los habitantes del Cuzco, que las , calles se veían cuajadas de cadáve- res, llegando vez en que no se encontrase ya mano a~iga que les diera sepultura, faltando también el lu- gar á propósito; porque antiguamente enterraban á los ~uertos en los templos y sus cementerios.

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