Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

¿LA 1'EL ARZOBISPO? 43 ~ho de «Siete cajones.» · Felipe de ¡\zán preparaba su XIX viaje de comerciante y se dirijió al palacio epis- copal tanto para recibir la bendición de su Señoría Ilustrísima cuanto por darle filial despedida, que par- ticular estima profesada ·lo requerla. -Voy á darte una encomiendita, hijito, para el se- ñor Arzobispo-dijo S. l. palmeando afectuoso la es- palda de Felipe y dándole la mano á besar la esposa. Azán aceptó gustoso y quedó convenido que á las seis de la tarde remitiría la encomienda su · Señoría retirándose don Felipe á continuar sus preparativos de viaje.. · Sonó la hora consabida, y presentóse en la casa de Azán picarón monaguillo seguido de un cargador fle- tero que, sudoso y encorbado, apenas si caminaba bajo el peso de una petaca de cuero sellada y rotulada. Aquella era la encomiendz'ta del Obispo para el Ar- zobispo. · . · El "lector viajero podrá esplicarse el éfecto que en el buen<? de Risco produjo tan rápido aumento de equi- .paje. Tuvo que demorar la salida, ·contratar bestia y gastar no poco dinero y pacienda para · ·nevar seme- jante encorhienda~ · · ·Pero entre trota y trota llegó á Lima, y se fué donde el Señor Arzobispo.· Aquí él remate que cuando viene azul -el tiempo; azules han: · de ser las barajas. Leído que hubo el Arzobispo el piiego remisorio, desmontando de la nariz las pesadas gafas de limpio cristal, hermanas mayores de las que usaba Palmirano Roseta, de Verne, dijo: · Estimo en gran vafünento la encomienda de S. S. I. que surte mi ;humilde mesa de las . preciadas pastas cuzqueñas, que. sobre ellas 1 sal orea' el Va.so de agüa . crista.tina; y co~o retórnarle hé regalo tan fino, r~égoos, dotl Felipe~ llevarle~ la vuelta· péqueña encomienda de mi parte. ·. Mohino y tembloroso se retiró Aián pensando en que .aquella petaca de todos sus trabajos contuviera variedad de dulces confeccionados en las celdas mona-

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