Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
12 TRADICIONES CUZQUEÑAS. ébano, arrebatada por las tijeras á la espléndida cabe- za de Clavelina, cayeron por tierra, cual hojas despar- ramadas por el aire, las ilusiones de tres corazones enlazados con la flor de las esperanzas! Poco tiempo después la nostalgia del alma enfermó r aquellas tres existencias, que mustias y calladas se deslizaban por los misterios del claustro. IV. Sor Teresa, :María y Espíritu Santo, ligadas por idéntico sentimiento, hallaban consuelo burlando algu- na vez la vigilancia de !a maestra de novicias para ir á la torre, y contemplando desde su altura la dormi- da ciudad en hermosa noche ·de luna, desplegaban las a~as de su pensamiento. Una noche en que idéntica escena se repetía, acaso por la centésima vez, se dejó oír un concierto inimitable, formado de ayes que da el alma desconsolada, como el preludio de un adiós á la eternidad. Aquello era desgarrador y sublime á la vez. Corazón de roca que existiese, hubiérase deshecho en gotas de llanto, como vertieron las tres hermanas de la tradición. Mas ¡ay! cayeron sólo dos lágrimas distintamente~ La una fué gota de agua que resbala chisporroteante sobre metal encandecido; la otra diamante cristalino que se desprende de las nevadas cimas de los volca- nes, entibiada por el ocultQ fuego de la montaña. La una llevaba recuerdos á la tierra: la otra subió al cielo como la prenda del perdón! . . . Detúvose la música, como para principiar el canto con mayor sentimentalismo. Calló la materia, y habló el alma el lenguaje de la desesperación, interpretado en el verso del yaraví, como el quejido del que, so- ñando con flores, toma manojo de espinas! Las cuerdas del campanario se agitaron como movi- das por una sola mano! . . . Un segundo más, y . . . tres cuerpos vinieron ro-
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