Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
¡ • ' • 1AlJ3ES BE MAY~t · • ! L& religión! ¿qué es ella1 el fanal que alumbra nuestro lóbrego · : aend~ro para arribar al puerto feijz de este mar tempestuoso que se llama vida. Si la religión es necesaria al hombre, porque no ·hay virtud posible sin convicciones religiosas, á la mujer le es indispensable. Qué sería de la mujer, pobre flor expuesta á los rigores del vendaval, qué seria de ella débil, .desgraciada, tímida, indecisa, , sin ese faro, sin ese sostén y refugio que se llama religión' .. __ _ Ah! ~uando se ha alcanzado del cielo ese ,dón precioso de s~ber avaluar la virtad, y estimar las luchas que el vicio presenta, · cuando el corazón ha saboreado las amarguras del desengaño bajo la sombra de la desgracia, entonces mas q_ue nunca, y quizá solo entonces se puede comprender lo que la religión significa en la vida del sexo débil. La mujer virtuosa calla · y sufre en silencio: solo en la soledad de la noche enjuga sus lágrimas casi siempre de fuego quemador, y dirige sus quejas al solo testigo de sus dolores: ¡á Dios! Pide, suplica, y ruega recibiendo para ese ·corazón sensible ,y lleno de ternura un consuelo divino que le ofrece la fé, y viendo mas allá de este mundo de miserias, el V'alle florido de la dicha y placer que la religión le señala, diciéndole: "Allá te aguarda tu recompensa." Entonces se aviva la esp~ranza, se fortalece el alma, y con nuevo rigor bendice la aurora del dia que viene á acercar su fin. ¡Cuál es la aspiración del hombre pensador, la del padre de una hija, y la del joven que cuenta con una hermana~ Poseer una mujer, una hija y una hermana virtuosa; pura como la gota del tocio; y sencilla como la sonrisa del serafín. Luego, si esta es la aspiración del h0mbre en sus diferentes C(')ndiciones, y nosotras confesamos que ellos saben mas que nosotras, es claro . que debemos convencernos de que la mujer para ser estimada, 16 .
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