Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión
18 AUGUSTO TA/MAYO VARGAS - CESAR PACHEOO VELEZ tiempo y encanecido la carrera. Los talentos profundo que él supo hermanar con las virtudes, le dieron muy breve a conocer, y le ga– naron todo el crédito y la confianza pública. En las grandes con– tiendas judiciales tenía casi siempre que intervenir Carrión. El poderoso, que le fiaba la suerte de su fortuna, descansaba tranquilo, sin el temor de aventuraría; y el desválido, que contaba con la jus– ticia de su parte, no necesitaba contar, para que él defendiera su derecho, con poderle prestar, por sus tareas, las recompensas de estilo. Carrión era el abogado de la causas más célebres; y el generoso protector del huérfano y la viuda que estaban injustamente perse· guidos en juicio. La alternativa en el trabajo era el único descanso que se daba Carrión. Cuando se fatigaba su alma con la pesada lectura de largos protocolos, procuraba distraerla con la amena y grata de las obras, de gusto. Así fué que se hizo dueño del vasto campo de la bella literatura cuya puerta le abrieron los idiomas sabios de que era profesor. La revolución, entre tanto, caminaba con pasos de gigante. La opinión pública de Lima, que fué como la vanguardia del ejército unido de Chile y Buenos Aires, debilitaba diariamente con manio– bras secretas, las fuerzas de la Serna; y le hacían más escasos los recursos y más difíciles los medios de subsistencia. El virrey se vió obligado a abandonar la ciudad, el seis de julio de ochocientos vein– tiuno, para ir a buscar un asilo entre la murallas de los Andes. Y San Martín, sin disparar un tiro, cerró el 10 su célebre campaña. La capital del Perú oyó por primera vez, en ese día, los gritos santos de patria y libertad y las fortalezas del Callao vieron, el 21 de se– tiembre, flamear, en sus torreones, los pabellones patrio . Pero la aurora de la libertad, cubierta de nubes ominosas, no lucía con todo RU esplendor. Carrión conocía q'ue este mal estaba en el orden y en la naturaleza de las revolucione ; que no es posible atravesar, de un salto, la distancia que para a do situacione tan distante ; y que todo pueblo que acaba de salir d 1 abi mo de la esclavitud, camina los principios, deslumbrado; como camina todo hombre que pasa, repentinamente, de las tinieblas a lá luz. Así es que todo lo esperaba de las lecciones del tiempo y qu , a pesar de que había renunciado a las concurrencias públicas y hasta a la ociedad de sus amigos, para aguardar, encerrado entre las paredes de su ca a, a que, despejado el horizonte, raya e la mañana de un día más claro y más sereno; apena le hizo re ·elar u deli ado patriotismo que la funesta serie de uno. aconiecimi nto que nacían de la misma cir– cunstancias, pudieran ser perjudiciales al sistema, y hacerle decaer
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx