Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión

252 AUGUSTO TAMAYO VARGAS - CESAR PACHECO VELEZ El Gobierno del Perú, celebró en 6 de junio de aquel año un tratado de alianza y confederación con el plenipotenciario de Co– lombia; y, por él, quedaron ambas partes comprometidas a inter– poner sus buenos oficios con los gobiernos de la América, antes española, para que entrando todas en el mismo pacto, se verificase la reunión de la asamblea general de los confederados. Igual tratado concluyó en México, a 3 de octubre de mil ochocientos veintitre ; el Enviado Extraordinario de Colombia a aquel Estado; y hay fuer– tes razones para esperar q'ue lo otros gobiernos se someterán al consejo de sus más altos intereses. Diferir más tiempo la asamblea general de los Plenipotencia– rios de las repúblicas que de hecho ya están confederadas, hasta que se verifique la accesión de los demás, sería privarnos de las ventajas que produciría aquella a amblea desde su in talación. Estas ventajas se aumentan prodigio amente, i se ontempla el cuadro que nos ofrece el mundo político, y, muy particularmente, el conti– nente europeo. La reunión de los Plenipotenciario de México, Colombia y el Perú se retardaría 'ndefinidamente si no se promoviese por una de las mismas partes contratantes; a menos que se aguardase el resul– tado de una nueva y especial convención sobre el tiempo y lugar relativos a este grande objeto. Al considerar las dificultades y re– tardos por la distancia que nos separa, unidos a otros motivos so– lemnes que .emanan del interés general, me determino a dar este paso con la mira de promover la reuuión inmediata de nuestros pleni– potenciarios, mientra los demás gobiernos celebran los prelimina– res que existen ya entre nosotro..:i sobre el nombrami nto e incorpo– raciones de sus representantes. Con respecto al tiempo de la instalación de la asamblea, me atrevo a pensar que ningu1 a dificultad pu de oponerse a su reali– zación en el tiempo de seis me 'es, aún contando el día de la fecha; y también me atrevo lisonjear de q'ue el ardiente de eo que anime a todos los americanos de exaltar 1 pod r del mundo de Colón, disminuirá las dificultade y demoras que exigen los preparativos ministeriale ·, y la distancia que media entre las capitale de cada Estado y el punto central de reunión. Parece ue si el mundo hubi se ele elej ir su capital, el istmo de Panamá sería señalado para est augusto de tino, alocado como e tá, en el centro d 1 lobo, viendo por una parte 1 sia y por el otr el Africa y la Europa. El istmo <l Panamá ha sid ofrecido p r el gobierno d C lombia, para este fin, en lo tr tados exis-

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