Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión

240 AUGUSTO TAMAYO VARGAS - CESAR PACHECO VELEZ de la República, se presentó en la sala el señor doctor don José Sánchez Carrión, Ministro de Estado en los Departamentos de Gobierno y Relaciones Exteriores, y ocupando la primera silla del docel, procedió a informar al público del plausible objeto de aquella concurrencia, leyendo en alta voz el decreto dictatorial de 22 del pasado diciembre por el que se había dignado S. E. declarar esta– blecida la Suprema Corte de Justicia prevenida en el artículo 98 de la Constitución, manifestando en seguida las personas en quie– nes por disposición suprema habían recaído los nombramientos del Presidente y Vocales, que lo fueron el señor doctor don Manuel Lorenzo Vidaurre y Encalada, Pre idente; y Vocales: el doctor don Francisco Valdivieso, el señor doctor don José Cavero y Salazar, el señor doctor don Fernando López y Aldana, el señor doctor don Tomás Ignacio Palomeq'ue. Inmediatamente fué llamado por dicho señor Ministro el señor Presidente, quien prestó ante aquel el jura– mento de estilo, y fué posesionado en su asiento. En la misma forma los señores Vocales fueron prestando ante el señor Presidente sus respectjvos juramentos según el orden con que por el señor Ministro habían sido publicados sus nombramien– tos, y en el mismo orden tomaron los correspondientes asiento . Absueltas estas ritualidades se completó la pompa de la augusta ceremonia con los dos sólidos y elocuentísimos discursos que pro– nunciaron a la vez el señor Ministro de Estado y el señor Presidente del nuevo Tribunal, en los que desplegando cada uno, por su parte, todos los encanto del genio y todas las riquezas de la memoria, hvivaron en el ánimo del numeroso concurso, los constantes senti– mientos de amor y de gratitud a S. E. el Dictador del Perú, bajo cuya beneficiosa administración el Poder Dictatorial se había pre– sentado con muy diverso aspecto que el que en todos los tiempos lo habían hecho tan odioso, pues que este genio extraordinario sólo había tratado de renunciar a sus más bellas prerrogativas, y de afianzar el imperio de la justicia, como entre otras muchas prue– bas lo acreditaba el mismo establecimiento del día, dirigido a hacer fectivos y e tables como la ley los diversos géneros de bien en que consiste la felicidad común. Con esto te minó la solemnidad en medio de aplan os y acla– maciones públicas, y quedó instalada Ja Suprema Corte de Justicia, y firmaron. M. L. Vidaurre.- Francisco Valdivi so.- José Gavera.- Fer– nando López Aldana.- Tomás Ignac io Palomeq1ie. (En: BENVENUTTO, NcpLalí. Ob. cit., pp. 249-251).

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx