Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

40 JORGE BASADRE del pensamiento contemporáneo. Poco a poco, el magro y es– tacionario presupuesto de la institución, el reducido número de empleados (a veces muy capaces y conocedores y a veces muy empíricos y desidiosos) y la limitación del local, vinie– ron a resultar un contrasentido frente a un país en pleno cre– cimiento. La Biblioteca continuó en el ritmo del pasado, aje– na a cualquier nueva inquietud. Carecía hasta de las más mo– destas facilidades de trabajo. Sus instalaciones eran tan po– bres que permitieron la hipótesis del incendio por un cruce eléctrico. Sus máquinas de escribir se caracterizaban por ser muy escasas y anticuadas. No podía mandar hacer mucha can– tidad de papel con su sello y casi no tenía relación epistolar con el país o con el extranjero. Los sueldos continuaron sien– do absurdamente bajos y las horas de funcionamiento no sa– tisfacían a buena parte de los presuntos lectores. El catá– logo no tenía cuándo hacerse. Libros modernos sobre cien– cias o técnica casi no existían. El Director, señor Romero, cumplió ochenta años de edad. De ellos tenía la increible cifra de sesenta de servicios a la institución. Nadie se atre• vió a pedirle que se jubilara. Eran respetados sus merecimien– tos innegables como erudito e investigador. Ante cualquier rumor o chisme de que un cambio pudiera ocurrir, acudía donde el Ministro o el propio Presidente, denunciando en for– ma dramática que ese gesto envolvía una ofensa personal que no era justo inferirle. Parecía, efectivamente, cruel arrancar del lugar donde transcurriera toda su vida a este hombre, todavía robusto y ágil físicamente. Romero llegó a ser, en la época que vino después del in– cendio, el personaje del día. Guillermo Rouillon en un artícu– lo de elogio ilimitado que escribió al fallecer en 1956 este "decano de los historiadores peruanos", después de mencio– nar su "apostolado cívico" cumplido con "abnegación ejem– plar", expresó lo siguiente: "Ante la conmoción general que produjo la pérdida irre– parable de la Biblioteca Nacional, la burocracia solícita, pero invalidada para señalar a los verdaderos autores de

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