Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

_J 16 JORGE BASADRE les y quizás sardónicas del Sub-Director, don Carlos A. Rome– ro, empecé por anotar a mano, pues no disponía la Biblioteca de muchas máquinas de escribir, una enorme cantidad de obras en latín provenientes del antiguo convento de los je– suitas, que yacían sin moverse muchos lustros y acaso si– glos en la parte alta de esta sección. El Director del establed– miento era el doctor Alejandro O. Deustua. Llegué a tener directa relación con él pues ·me distinguió muy cariñosamente entre sus alumnos de la Facultad de Letras y me nombró ama– nuense en la Secretaría de ella, cargo que sólo ocupé duran– te corto tiempo. A través de varios años trató, en repetidas ocasiones, de inducirme a que me dedicara a los estudios fi– losóficos. En la Biblioteca, un día Deustua me ordenó que re– gistrara en fichas, sólo las ediciones del siglo XX con el fin de obtener una guía de utilidad para el salón de lectura; dis– posición que cumplí aunque, sistemáticamente, Romero, ante mí y ante todos los visitantes, la criticaba con los más duros comentarios. Hacia 1926, ascendí, por antigüedad, a "conservador", con ciento setenta soles mensuales. Deustua me dijo que había en– viado la propuesta con mi nombre al Ministerio de Instruc– ción; pero que era de mi incumbencia obtener el documento oficial confirmativo para evitar el de cualquier candidato pre– munido con el favor político. Felizmente era Ministro un gran caballero, el doctor Alejandrino Maguiña. Había sido él cate– drático mío en el curso de Metafísica. Pedí audiencia y resul– tó una sorpresa obtenerla de inmediato. Con gran cordiali– dad me ofreció el Ministro el nombramiento y lo firmó. Des– de entonces mi tarea principal fue tener al día, con los datos correspondientes, el voluminoso libro de ingresos de la sa– la Europa en la sección moderna; y esta labor, así como la del fichero mencionado, que por fin completé después de mucho tiempo, no fueron, por cierto, abrumadoras a lo lar– go de los años. Me dediqué entonces, corno casi todos los empleados que no estaban al servicio del público lector, a leer por mi cuenta en las horas de oficina. Así se enriquecie– ron mis conocimientos en el ámbito de la literatura, la histo-

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