Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

1 La estampa de la Biblioteca Nacional, tan familiar para los estudiosos hasta mayo de 1943, es ahora un recuerdo que va esfumándose y embelleciéndose con el tiempo hasta que nadie viva para evocarlo. La puerta de entrada abríase a la calle de Estudios; y, al atravesarla, se ingresaba en un claus– tro con sobrios portales en los cuatro lados y un amplio espa– cio descubierto en el centro. Era la clásica vista de un con– vento antiguo lleno de una nobleza que los pretenciosos edi– ficios modernos no suelen tener. A la izquierda, en toda el ala de los bajos, estaba el Archivo Nacional con sus altos y em– polvados muebles de madera, llenos de expedientes. La Bi– blioteca ocupaba sólo el centro y el ala derecha del edificio en ese piso. Una escalera de mármol, también al extremo derecho del patio, conducía a los altos, donde hallábanse las salas de conferencias y de sesiones y la biblioteca de la Sociedad Geográfica, en mi época no muy frecuentada. En ese piso vivió don Ricardo Palma con su familia. Antes de entrar en dicho establecimiento, encontraba el visitante en los últimos años anteriores al incendio, la colum– na sobre la que se erige la cabeza del tradicionista, esculpida por Piqueras Cotolí. Un pequeño corredor daba acceso, a la derecha a la sala de la Dirección; a la izquierda a un depósito de revistas; y, al fondo, al salón de lectura. La Dirección te– nía sólo los muebles necesarios, sin ostentación alguna y en sus estantes de madera guardábanse algunos documentos con– siderados muy valiosos como los tomos correspondientes al archivo Paz Soldán, las memorias del general Luis La Puerta

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