Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 101 ras Camargo, la propuesta de ocupar el cargo de Director del Departamento de Asuntos Culturales que acababa de crearse en aquel organismo internacional. En 1946 y 1947 no había aceptado honrosas y convenientes propuestas para ocupar cá– tedras en Estados Unidos porque la Biblioteca Nacional no es– taba abierta aún. No era ésta la situación en 1948. Funciona– ban ya cinco salas de lectura (inclusive las dos de mayor sig– nificación en la Biblioteca); estaba en vísperas de darse por terminada la construcción del edificio en todo lo que atañe al sector destinado a este instituto de cultura; regían los con– tratos sobre las estanterías de acero; existían fondos seguros para establecer de inmediato nuevos servicios y atender a las necesidades del momento. Mi misión había sido cumplida en sus aspectos básicos o esenciales . Por otra parte, había percibido claramente a lo largo de las gestiones para obtener la ley sobre las joyas, para que la Dirección de Presupuesto la tomara en cuenta y para mejorar sueldos y otras partidas de la Biblioteca (este último esfuerzo que implicaba un deber ante el personal, resultó infructuoso) que carecía de efectivi– dad para conseguir más recursos y más ayuda a la institución. Me había gastado en tanta lucha, por lo cual "un cambio de guardia" parecía beneficioso. Por lo demás, tampoco habían tenido éxito mis gestiones para que se diera mayor autonomía administrativa a la Biblioteca, y para que, sobre todo, repito, ella lograra tranquilidad económica por medio de rentas es– peciales y adecuada compensación a quienes allí trabajaban. Al mismo tiempo (esto resultó importante) la situación polí– tica hallábase en vías de violentos estallidos, desatadas más y más las pasiones; no era imposible que el gobierno cayera, lo que efectivamente aconteció en octubre de aquel mismo año. En ese movimiento, de todos modos yo hubiera sido ba– rrido aunque no tenía desde 1946 actuación política, e irre– mediablemente habría arrastrado conmigo a la Biblioteca. Cuando se produjo el golpe militar que encabezó el general Manuel A. Odría, ella no fue tocada y esto se debió a mi au– sencia. y al hecho de que el Director, ingeniero Cristóbal de Losada y Puga, era amigo personal y ex-compañero de gabinete del nuevo gobernante.
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