Peregrinaciones de una paria

D2 FLORA TRISTAN todo lo que esta mujer habla tenido que sufrir duranto la vida de mi primo. Las mujeres de acá, pensaba, son, · pues, por el matrimonio tan desgraci~das como en Fran– ela. Encuentran igualmente la opresion en ese lazo y la Inteligencia con que Dios las ha dotado, queda inerte y estéril. La mañana del temblor, recibi una multitud de vi– l!ltas. Todos esos buenos arequipeños estaban curiosos ¡ior conocer la Lmpresi(>n que había producido sobre mi, inuchos de ellos parecían decirme con su aire: ustedes ino tienen esas bonitas cosas en Francia. Ese temblor destruyó completamente la ciudad de n'a,cna, situada sobre la costa. Todas las casas quedaron '1errumbadas; la iglesia, terminada recientemente y ~bierta al público desde hacia quince dias, se desplomó; dieciocho personas perecieron y veinticinco fueron heri"' das gravemente. La ciudad .de Arica sufrió casi otro tan◄ to. La comarca de Sama, los departamentos de Moquegua f de Tarata fueron devastados. En Loeumba, la tierra se entreabrió y tragó casas integras. En todos estos lu• ¡ares, muchas personas perecieron o estuvieron más o 1nenos heridas. Arequipa sufrió poco; las casas de esta ~iudad están tan sólidamente ediflc!!,das. que para derri.. barlas, se necesitarla un temblor que deshiciera todo el Jterú. ~ta sacudida se dejó sentir igualmente en Lima , en Valparatso, pero muy amortfguada y no causó nin• E 'Wl desastre. Es preciso haber habitado los países en nde son froouentes esos temblores, para tener una jus– ldea del terror que inspiran y de las desgracias oca– ,-tonadas por ellos, cuando estas espantosas convulsiones ~mueven la tierra en· todo sentido, la hacen ondular ~mo las olas o la entreabren como abismos. El 24 de septiembre, para festejar a Nuestra Señora U>, una gran procesión recorrió la ciudad, una de aquellas procesiones en las que el clero del pais despliega más (1) Nueatra Sdlora de laa Mercedes, "Patrona de las armaa ,uuanaa, dude 1822. N. E.

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