Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 65 lo tanto, se hallaba en gran necesidad. Por solicitación de mi madre, mi abuela prestó a mi padre 2.800 francos, sin p~dirle recibo de esta suma, lo que hizo que a su muerte se encontrara sin pruebas. Mi madre pagó exac– tamente los intereses a mi abuela, que los necesitaba para vivir. A la muerte de ésta, reembolsó el tercio de la suma a su hermana y el otro tercio a su hemano. "No deseo, señor, que el compendio de mis desgra– cias cuyos rasgos he trazado débilmente, lo hagan des– cubrir los detalles. Su alma sensible al recuerdo de un hermano que lo quería a usted como a su hijo, sufriría demasiado midiendo la distancia que existe entre mi suerte y la que debería tener la hija de Mariano.. . de ese hermano que, herido como por un rayo por una muerte . súbita y prematura (una apoplejía fulminante), no pudo decir sino estas palabras: "Hija mía ... te queda Pio ... " ¡ Desgraciada hija! ... "Sin embargo, no crea, señor, que cualquier~ que sea el resultado de mi carta, los manes de padre podrán ofenderse con mis murmuraciones. Su memoria será siem– pre querida y sagrada. "Espero de m¡ted justicia y bondad. Me confío a usted con la esperanza de un mejor porvenir. Le pido su pro– tección y le ruego quererme como la hija de su hermano Mariano que tiene algún derecho de reclamarlo." Soy su muy humilde y obediente servidora. J'LORA DE TRISTAN. bespu~s de la lectura de esta carta, se puede juzgar ml sinceridad, cuando he descrito mi completa ignoran– cia del mundo, mi creencia en la probidad, esta crédula confianza en la buena fe que supone a los demás buenos y justos como lo es uno mismo; crédula confianza de la cual mi tio, era quien debla enseñarme a conocer el abuso, a pesar de haber hecho profesión de tanto amor '1acia mi padre. He aqui la respuesta que me dirigió: 5 ,

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