Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA 'PARTA 3'1 el mal que les causa. Todo eso con una cu11stanc1a, cu• yos periodos, me han parecido más de una vez, demasia• do largos. A primera vi.Sta, M. Chabr1é parece muy vulgar, pe– ro si se conversa algunos instantes con él, s:e reconoc~ muy pronto al hombre cuya educación ha sido esmera• da . Es de talla mediana y ha debido ser bien proporc1o• nado antes de haber engordado. Su cabeza, casi entera• mente desprovista de cabello, presenta, sobre la coronl• lla, una superficie cuya blancura contrasta de una tna• nera bien curiosa con el rojo obscuro que colorea todo su, rostro. Sus pequeños ojos azules, estropeados por el airé de mar, tienen una expresión indefinible de malicia, de descaro y de ternura. Sn nariz, un poco torcida, y sus gruesos labios, tan horribles cuando está en:tadado, tan graciosos cuando ríe con esa risa sencilla que tienen 10s niños, dan a ese conjunto una expresión, a la vez de franqueza, de bondad y de audacia. Lo que tiene adml• rable, son sus dientes: éstos forman, según su propia ex• presión, una mandíbula modelo. Como tudo en este hom• bre, contrasta de la manera más extraña, su voz afe::– ta el oido de dos maneras: muy opuestas: cuando habla no creo que sea posible oir un sonido de voz más ronca, más discordante; pero si esta misma voz canta un pasaje de Rosslni, uno de los trozos de Nourrit, una tirolesa o una linda. romanza sentimental, ¡oh!, entonces, se siente uno elevado hasta los cielos. Su voz pura ·y fresca, su acen• to de alma y de armonía repercute hasta el fon– do del corazón: se siente un estremecimiento Yi una suave emoción. El capitán Chabrié ha errado su VO• cación, como tantos otros, en nuestra sociedad al revés, estaba hecho para cantar en la · opera; su admirable voz de tenor hu"Qiera encantado a tres mil espectadores, Y, durante seis horas seguidas, los hubiera tenldo en un estado de dulce beatitud, asi como lo hace nuestro cé• lebre Nourrit. Para completar el retrato, agregare que el capitán Chabrié, es muy cuidadoso de su vestido, Y. hasta presumido, si se quiere. En extremo friolento, desde que lia sentido los primeros síntomas ele un dolot
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