Peregrinaciones de una paria

294 IT,ORA TRISTAN bargo, que son bue:o.as músicas) y bailan, con un encanto indescriptible l os be.He s del país. Las limeñas no tienen, en general, ninguna instruc• cion, no leen y permanecen extrañas a todo cuanto ocu• rre en el mundo. Tienen mucho espíritu natural, una comprensión fácil, memoria y una inteligencia sorpren– dente. He descrito a las mujeres de Lima · tales como son y no según los dichos de ciertos viajeros. Esto me cuesta, sin duda alguna, pues, la manera amable y hospitalaria como ellas me han acogido me ha penetrado de los má~ ,vivos sentimientos de reconocimiento; pero mi papel de viajera concienzuda me hacia un deber decir toda la verdad. He 'hablado del teatro y de las corridas de toros, pero he omitido el espectáculo ofrecido por las iglesias a la población limeña; es el más concurrido y el deseo p erpetuo de distracciones, conduce alli a la multitud. En Lima, todo el mundo oye dos o tres misas, una en la ca– t edral, porque se ve allí a un gran número de lindas mujeres y a los extranjeros -atraídos por esas bellezas; otra en San Francisco, porque estos padres distribuyen excelente pan bendito, se oye 1tn magnífico órgano y •to– dos los sacerdotes están ricamente vestidos; la tercera misa se oye en El Niño Jesús, para gozar del divertido canto de los numerosos pájaros encerrados en las jaulas. En casi todas las iglesias de Lima, se ve, cerca de los altares, jaulas llenas de pájaros de diferentes especies; sus cantos dominan, a menudo las palabras del sacerdote que dice la misa. Además de las distracciones cotidianas que se tiene en las iglesias, hay en la ciudad, por lo menos dos proces1one$ por semana y esas procesiones son aún más cómicas y más indecentes que las que tanto me escandalizaron en· Arequipa; y, en fin, para que la. continuidad de las ceremonlas, la edificación y la diver– sión de los religiosos limeños no se interrumpan, hay oficios durante la noche, culebraclos con mucha pompa, en donde ocurre toda clase de cosas, como se debe suponer, con el mismo respeto por las conveniencias. ¡Cuántas esc,ue– ias se establecerían con lo que cuestan todas esas vanas

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