Peregrinaciones de una paria

284 FLORA TRISTAN habido tal entusiasmo en la plaza! ¡Oh! ¡Era encan• tador! -¡Miserable pueblo! - pensaba yo-, ¿está tan des– provisto de piedad como para encontrar delicias en se– mejantes escenas? El Rímac se parece mucho al río de Arequipa; corre igualmente sobre un lecho de piedras y entre rocas. El puente es bastante hermoso y es allí donde se colocan los papanatas para ver pasar a las señoras que van a. pasearse al Paseo de Aguas (1). Ante·s de proseguir, voy ai hacer conocer el vestido especial de las mujeres de Li– ma, el partido que sacan de 'él y la influencia que tiene sobre sus costumbres, hábitos y carácter. No hay ningún lugar sobre la tierra en donde las mujeres sean más libres y ejerzan más imperio que en !Lima. Reinan allí exclusivamente. Es de ellas de quie– nes procede cualquier impulso. Parecce que las limeñas absorben, ellas solas, la débil porción de energía que esta. temperatura cálida y embriagadora deja a esos felice9 h abitantes. En Lima,. las mujeres son generalmente más altas y de constitución_más vigorosa que los h9mbres. A il.os once o doce años están completamente formadas; ca• si todas se casan a esa edad y son muy fecundas, co– múnmente tienen seis o siete hijos. Tienen embarazos felices, dan a luz fácilmente y se restablecen muy pron– to. Ca:¡;i todas amamantan a sus hijos, pero siempre con ayuda de una nodriza, quien suple a la madre y alimenta también al niño. Esta es una costumbre proveniente de :España, en donde las familias acomoda<;las ·tienen para sus hijos dos nodrizas. Las limeñas no son generalmente ihermosas; pero su graciosa fisonomía tiene un ascen– diente irresistible. No hay hombre a quien la vista de una limeña no haga latir el corazón de placer. No tienen !a piel curtida como se cree en Europa; la mayoría son, al contrario, muy blancas; las otras, según diversos oríge- ,(1) Mandado hacer en tiempo de Amat. N. E

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