Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 269 mundo; no hay una persona a la que no hayan alcan– zado; todas han sido ridiculizadas en sus bromas. Esta mujer tiene realmente el talento muy notable de coger el ridiculo, las manías y el aire mismo de los individuos. Tuerce la nariz, los •ojos, cojea, bizque.a, tar– tamudea, finge contracciones, todo con tanta verdad Y comicidad que es de morir de risa. Como se puede pre- t. sumir, el ejercicio de semejante talento le ha suscitado implacables enemigos., Muchas · personas hacen un largo rodeo para no pasar por delante de la tienda de Mme. Denuelle, por temor de ser objeto de una de sus carica– turas. Cuenta todo con tanta alegría como espíritu y su conversación en extremo variada, es de lo más divertida. Se le acusa de ser déspota en su casa, de tratar mal a su marido, de ser áspera y hasta mala con sus inquilinos. Esos reproches son fundados; sin embargo, para ser jus– tos, no hay que callar sus buenas cualidades. No se le reconoce ninguna y con todo, las tiene. El orden y la economia con que dirige su casa; su vida sedentaria y laboriosa son rasgos que no deberían ser omitidos para que el retrato se le pareciera; cualidades tanto más no– tables que no se encuentran en una mujer cuya vida ha sido tan disipada. Pero los hombres no tienen en cuenta en los demás las cualidades de que sacan provecho. Mme. Denuelle tenía entonces cincuenta y seis afios; · pare.cía no tener sino cuarenta. Siempre he pensado que se envejecía por coquetería. Es una mujer de cinco pies y tres pulgadas, gruesa en proporción, de buen color, tiene los cabellos muy negros, todos sus dientes, los ojos vivos, osados, malos, los labios delgados, la nariz arre– mangada y la fisonomia dura, de expresión sárdónica y arrogante. Está siempre arreglada con mucha sencillez y con una extrema limpieza. Mme. Denuelle me tomó gran amistad. Como la co- nocía por lo que me · habían dicho MM. Chabrié, David y Briet y por haber oído hablar a otros, adopté, frente a ella, el modo de hacerle sentir que esperaba de ella má.s consideración que intimidad. Todos mis queridos compatriotas y hasta los llmefíos venian a prevenirme

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