Peregrinaciones de una paria
14 FLORA TRISTAN lucha prolongada _11 no pudiendo resistir más, consentí en entregarle a mi hijo vertiendo lágrimas sobre el porve– nir de este niño:. pero apenas habían transcurrido uno.s meses después de este arreglo, cuando este hombre co– menzó a atormentarme, y quiso también ·quitarme a m, hija, porque se dió cuenta, de que me sentía feliz al te– nerla cerca de mí. En esta circunstancia, me vi obligada nuevamente a alejarme de París: era la sexta vez que, pa– ta sustraerme a persecucio_nes incesantes, dejaba .la única ciudad del mundo que me haya gustado. Durante más áe aeis meses, oculta bajo un nombre supuesto, anduve errante con mi pobre hija. En esta época, la duquesa da Berry recorría la Vendée: tres veces se me detuvo; mis ojos ,¡ mis largos cabellos negros, que no podían corres– ponder a la filiación de la duquesa, me sirvieron de pa-· saporte y me salvaron de toda equivocación. El dolor. unido a las fatigas, agotó mis fuerzas; llegada a Angule– ma, caía peligrosamente enferma. Dios me hizo enco,ntrar en esa ciudad a· un ángei de virtud que me dió la posibilidad de ejecutar el proyec– to que, desde. hacía dos años, meditaba, y que me impe– dia realizar mi afecto por mi hija. Me habían indicado la pensión de mademoiselle Bourzac, como la mejor para dejar a mi niña. Desde el principio,· esta excelente per– •ona leyó en la tristeza de mis ojos la intensidad de mis d9lores. Admitió a mi hija sin hacerme una pregunta y me dijo: Puede partir sin ninguna inquietud; duránte su ausencia le serviré de madre, y si la desgracia quisiera que no la volviese a ver, se quedará con nosotros. Cuan– do tuve la certidumbre de ser reemplazada cerca de mi hija, resolví ir al Perú y refugiarme en el seno de mi fa– milia paterna, con la esperanza de encontrar. allí una po– sició11 que me hiciera entrar de nuevo en la sociedad. · Hacia fines de enero de 1833, fui a Burdeos y me
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