Peregrinaciones de una paria
FLORA TRISTAN Aqui estoy de nuevo en el iuterior de un convento. Pero ¡qué contraste con el que acababa de dejar! ¡qué ruido ensordecedor! ¡qué hurras cuando entré! ¡La fran– ccsita!, ¡la francesita! gritaban por todas partes. ApP,'l:3.S .se abrió la puerta, me vi rodeada por una docena de religiosas que me h ablaban todas a la vez, gritando, rien– do y saltando de gozo. La una me quitaba el sombrs_·o, porque un sombrero era una pieza indecente~ me quita– ron igualmente mi peineta, con el mismo pretexto de que era indecente; otra quería sacarme mis mangas ~-bu– chonadas siempre con la misma acusación de ser muy indecentes. Esta me levantaba el vestido por detrás por– que quería ver cómo estaba hecho mi corset; una reli– giosa me deshizo el peinado para ver si mis cabellos eran (largos; otra me levant aba el pie para examinar· mis bor– ceguíes de París; pero lo que excitó sobre todo su admi– ración, fué el descubrimiento de mi calzón. Esas buenas ~óvenes son sencillas pero había sin duda más indecencia. en sns preguntas que en mi sombrero, mi peineta y mis vestidos. En una palabra, esas señoras me revolvieron en todo sentido y act,uaron conmigo como ·hace un niño con íla muñeca que se le acaba de dar. Quedé, sin ninguna exageración, un largo cuarto de hora en la puerta de entrada, que sirve de torno, te– miendo a cada Instante verme sofocada por el calor, en el pequeño espacio que me habían dejado esas turbu– lentas religiosas y la multitud de negras o de zambas oue me rodeaban. Mis parientes, habian visto la dificultad de mi situación, sentí~ cuanto debía mortificarme e hi– cieron toda clase de esfuerzos para llegar al sitio en donde estaba, mientras mi zamba, que había entrado al mismo tiempo que yo, gritaba con todas sus fuerzas, que me ahogaba, que me hacian daño y pedia auxilio. Pero sus gritos y los de mis primas estaban dominados por más de cien voces que decian a la vez: ¡Ah! la francesitat :¡qué bonita es! ¡viene a vivir con nosotras! Comencé seriamente a desesperarme de salir de alll en otra forma que desmayada. Sentia flaquear mis pier– nas. Estaba bañada en sudor y el laberinto que toda esta
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx