Peregrinaciones de una paria
PEREGRlNACIONES DE UNA PARIA 187 un numeroso s"équito de oficiales. Al general le agradaba lucirse, segu1do de un brillante estado mayor. De la ciu– dad al campo y del campo a la ciudad, eran idas y veni– das continuas y encontrábamos muy divertida la come– dia que cada día nos daba la heroica cabalgata. El ge– neral montado sobre un hermoso caballo negro, adopt a– ba los aires de un Murat, tan esmerado y suntuoso era. en la variedad de sus vestidos. Valdivia, muy a menudo en hábito de religioso, siempre sobre un caballo blanco, figuraba el Lafayette peruano y la multitud de oficiales cubiertos de oro y cargados de penachos no era menos ridícula. t Gracias a Althaus y a la amabilidad del general po– día disponer de un caballo cuando quería ir a ver el campo. Los civiles ya no tenían más caballos, se habían vis~o obligados a dar los suyos o escc:mderlos para sus– traerlos a las requisiciones. Sólo mi tío había conserva – do su yegua chilena, porque era tan fogosa, que ningún oficial se hallaba dispuesto a montarla, y en medio de un cuerpo de caballería, hubiera ocasionado accidentes. La ,visita del campo era para mí un paseo favorito. Iba alterna– tivamente con mi tío, con Althaus o con Manuel, quien era ya oficial. El general me recibía siempre muy bien, pero el monje parecía adivinar mi pensamiento y el des– precio que me inspiraba. Desde que me veía, su fisono– mía, naturalmente falsa, llena de odio, desvergonzada, adquiría una expresión muy particular. Me parecía ev!– dente que comprendía la antipatía que sentía hacia é!. Valdivia me saludaba con uha fría cortesía, escuchaba ,con atención todo lo que yo decía sin tener el aire de ocuparse de ello y no se mezclaba nunca en la conversa– ción. Sabía, por Manuel, que mis visitas no agradaban y mis risas con Althaus disgustaban mucho a esos señores. Pero ¿cómo no me habría yo reído al ver esos oficiales tan absurdamente ridículos? Nieto, no t enia. qué' :¡.cam– par sino 1,800 hombres (los chacareros y los inmortales no formaban parte del campamento) y había ocupa.do más terreno del que hubiera necesitado un general eu– ropeo para un ejército de 50,000 hombres. Sobre un mon-
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