Peregrinaciones de una paria
- PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 185 Anuncie a mi tío y a toda la familia qué deseaba re– gresar a Francia, pero, como deseaba conocer la capital üel Perú, iría a embarcarme a Lima. Esta nueva sorprendió a todo el mundo. Mi tio pa– reció afectarse vivamente. Me hizo instancias para des– animarme de este designio, sin ofrecerme, no obstante,· una posición más independiente de la que ·gozaba en su casa. Althaus estuvo realmente apenado, su mujer se desesperaba . Las dos personas de la familia que sintieron más vivo pesar fueron Manuel y Carmen. La querida Carmen repetía a menudo con una tris– teza que no era fingida : "Nadie aqui, Florita, sufrirá más :vivamente que yo, en su ·ausencia . Don Pío está absorbi– do por los negocios políticos; Althaus, aunque la quiera mucho, estará distraído con sus numerosas ocupaciones:i Manuela, con sus relaciones de sociedad y su toilette; Manuel, con los placeres de su edad; pero a mí, Florita, que vivo tan retirada, desconocida de los mismos entre Quienes el destino me ba colocado, ¿quién podrá resarcir– me de los consuelos de su dulce y alta filosofía? ¿Quién ¡podrá darme esos momentos de alegria que debo a la Orí• ginalidad de su carácter, momentos de encanto que re– '.\'ivan mi triste existencia? ¡Ah, Florita! No se pasará. U]) · ella sin que exhale un suspiro pensando en usted" . No podria decir la pena que experimentaba al dejar a mi prima Carmen. Los otros no tenian ninguna. nece– sidad de mí, mientras yo habia devenido para ella una necesidad. Mi tío me rogó esperar al menos, antes de partir, ei . sesgo que iban a tomar los acontecimientos politicos. Consentí en ello. El monje habla conseguido, a fuerza de dinero y ao )as fanfarronadas de s·u periódico, organizar los cuerpos Biguientes:
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