Peregrinaciones de una paria

FLORA TR:.:STAN nocer. Cedía a mis instancias, aunque esto fuera para. ella un trabajo pesado. Como en Arequipa no hay pa– seos, las mujeres no tienen la costumbre de salir. El cui– dado que tienen con sus pies contribuye también a ha– cerlas sedentarias, pues, temen hacerlos engrosar con la marc·na. Nuestros paseos favoritos eran el molino del río, en el que entrábamos algunas veces. Me gustaba examinar esta fábrica rústica que, en su conjunto, está muy lejos de igualar a los nuestros. Otro día, visitábamos el moli– no de chocolate situado al lado del de harina. Encontraba. alli con placer los progresos de la civilización. Se ve mo– ler el cacao, triturar el azúcar y mezclar todo para for– mar el chocolate. La máquina ha sido importada de In– glaterra. Es muy grande y movida por agua. El dueño de este estableciemiento me demostraba mucha conside– ración. Lo habla conquistado por el interés que yo de– mostraba al hacerle preguntas sobre su máquina y por la atención que prestaba a sus explicaciones. Salía siem– pre de alli con una pequeña provisión de muy buen cacao y un lindo ramo de flores que su galantería me obsequiaba.. Cuando el rio estaba bastante bajo para que lo pu– diéramos atravesar, saltando de piedra en piedra o ha– ciéndonos cargar por nuestras negras, pasábamos al otro lado, a fin de trepar en la colina al pie de la cual corre el rio y domina el valle de Arequipa. Llegadas a la ci– ma, nos deteniamos. Sentada cerca de Carmen y segun el uso del país, con las pierJ1as cruzadas como los orien– tales, encontraba un encanto inefable en quedarme así, durante horas enteras,. sumida en un dulce ensimisma– miento, conversando con Carmen mientras ella fumaba. su cigarro . ~Dígame, querida Florita, ¿tienen en su bella· Fran– ela un va lle como éste? -No, prima, no creo que exista en ningún país un valle más pintoresco, una ciudad más caprichosamente sttuada y volcanes con tonos más melancólicos, con pro-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx