Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 155· acercó a nosotros. Estaba deshecho, hasta el punto de que creí que iba a caerse. Carmen lo invitó a entrar. -Voy donde don Pío -dijo-. Espero que él podrá prestarme plata, de otra manera sólo Dios sabe lo que :va a suceder a nuestra familia. Ustedes saben, señoras. que esas gentes. .. (¿Doña Carmen, no hay peligro de que nos oigan?, mire por la ventana si alguien nos escu– cha), ustedes saben que han tenido la desvergüenza de imponer a nuestro venerable hermano, el obispo, ¡ 20.000 pesos! Mi hermana ha sido gravada con 5.000 y yo con 6.000. Así pues, ¡son 31.0'J0 pesos arrebatados, de un solo golpe, a nuestra fm;:tuna! ¡Ah, Florita! ¡Cuánto daría por estar en lugar de nuestro hermano Mariano! El est á tranquilo. Goza apaciblemente en Burdeos de sus rentas. No es solamente desde 'hoy que me arrepiento de haberle comprado todos los bienes que poseía acá y más que nunca, después de esta revolución. Deploro la insigne locura que he cometido al haberme encadenado a este pais: Don Juan -dijo ·mi prima-, todo esto no es sino una tempestad. Cuando haya cesado, volverá a ser usted rey. Su hermano es aquí el primero por su dignidad, como lo es usted por sus riquezas. Esta posición eminen– te ¿encontrará usted en Francia, en donde la abundan– cia de grandes fortunas no permite distinguir a ninguna? -¡Ah, doña Carmen! La ventaja de ser alguna cosa en un pais de revoluciones cuesta demasiado caro para no preferir la obscuridad al vano goce de semejante dis– tinción. Piense usted en lo que nos ha costado cada apa– rición de un nuevo gobierno. El Libertador Bolivar quitó a nuestra casa 40.000 pesos, el general ~ucre, 30.000, San Martin todo lo que mi hermano Mariano poseía en Lima y ahor~ están Nieto y Valdivia quienes han emprendido la tarea de arruinarnos (1) • ( 1 ) Cosa natural, ya que la guerra emancipadora exlgta tequlsas, que de prefer,:encla se aplicaban a los partidarios del Rey. N. E.
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